exilio

algún día vendrás
desgastada de alientos
y no sabré tu nombre
ni quién ni qué ni cuántos
sólo que ya no habrá heridas
nada dolerá
en mi exilio contigo
nuevo mundo

en el más crudo silencio
transcribes baladas de ausencia
y desencuentro
y del roer callado de antiguos sentimientos
y yo te escucho sin hablar
y tú me escuchas y no hablas
y ya no hablamos ¿verdad?
hasta que oímos ese brusco rechinar
de los días sobre el calendario
ese desmadejarse lento
de vidas y mamparas
y tejados a la deriva
y el humo dibujado en la chimenea
de alguna casa soñada
y tú oscura
en tus ojos oscuros
en tus labios afilados
en la apremiante oscuridad de tu sexo
tú oscura, siempre
tan oscura como esos pensamientos
que acaban por perderse
en cada despertar
 
jaculatoria

a qué oscura raza perteneces
qué esfinge de hojas
y enmarañados silencios

si hasta el más frío mármol
sangra vetas, y ríos
y es otra caudalosa europa
de orillas enlodadas, y de arnos
y tú siempre atravesada
sí, tú... ¿y sabes qué?
yo también
pero seré paciente
tendré la paciencia de esos budas de piedra
que sonríen bajo la lluvia
en mitad de alguna jungla
sí, yo también callaré
aprenderé de su quietud
seré sagrado
y paciente
 
fastidio

cómo escapar de mí
y abandonarme
dejarme también yo
otra piel seca junto al camino
de aquella salamandra moteada

guardaba un cementerio para todos esos besos
que mueren en los labios
guardaba costras, llagas, desengaños
odios propios que me renacían
fardos cansados

ahora voy de un lado a otro de mí
me recorro inútilmente
ya no tropiezo
soy el cuarto vacío que se alquila a un extraño
soy ese mismo extraño que me toma medidas
y chasquea la lengua
soy su fastidio 
(mi) hermosa rutina


a veces
alguna de esas puñaladas
se adentra (punzante)
hasta lo hondo
no es la más dolorosa
ni la que más desgarra
sólo es la última
la que te hará morir

lo que yo daría

bueno, y aquí estoy, sí
aquí estoy pensando en ti
y en lo que daría por hablar contigo
ahora mismo daría un brazo
y una pierna
y un año de vida, o dos
qué me importa
si ya nadie los vive
y hasta le entregaría mi alma al diablo 
y juro que no exagero ¿eh?
sí, pequeña mía
qué no daría yo por ti
por escuchar tu voz
por otro -no lo sé...
pero siempre estás tan ocupada
y yo también
estoy tan sumamente ocupado
todo el tiempo pensando en ti
y en los brazos y piernas y años de vida
y en las almas que se lleva el diablo
y otra vez en ti
y en ti y en ti y en ti
y en cómo crece el vacío
cuando lo llenamos de cosas
 
espejos

hoy sólo quiero desnudarme
y vestirme de ti
atreverme con tu lencería abandonada
la que has dejado en el cajón
untarme de aceites
de rosa mosqueta
pintarme los labios, los ojos
las uñas de azul ultramar
y poner tus canciones
recordarme esa mirada traviesa
y tu sonrisa
mientras bailabas por las habitaciones
asomarme a la ventana
y cantarle a las gaviotas del tejado
if it be your will, por ejemplo
y que se acerquen
fingiendo beber el agua del canalón
y no me reconozcan
y crean que eres tú
que has regresado
y no, ya sé que no
o sí, y estás aquí
en cada espejo
en el cuarto de baño
emborronándome los ojos
arruinando mi maquillaje
y te pregunto si me echas de menos
¿me echas de menos?
y te nublas, te diluyes
y sólo sé decirte -no, perla, no llores
no llores, anda
que las mujeres no lloran 
un poema nada circunstancial

porque es nueve de mayo
debería envolver algunas palabras
en papel de regalo
y devolverte algo del calor, del consuelo
que sólo tú me dabas ¿te acuerdas?
cuando me brotaba tristeza hasta de las manos
me crecía, desconchaba paredes
y era una agonía escribir -sylvia-
mientras la ciudad rompía en temporales
y yo
te llamaba para escuchar tu voz
una vez, y otra, muchas veces
y es que parecías a salvo, lejos
me hablabas desde algún refugio tan cálido
que durante esos minutos, quince, treinta
yo me sentía acompañado, protegido
quizá embalsamado
con esa moneda entre los labios
me calmaba oírte decir -no te preocupes...
-ahora van a cambiar las cosas...
-todo va a ir bien, ya verás...
y te creía
te creía y te creo
en fin, aquí estoy, mi única amiga
un tanto ridículo, y a medio encolar
con este ramillete de excusas
intentando evitar esa hueca cortesía
ya sabes, lo de... gracias, un beso
cumpleaños feliz y todo eso
 
ese dolor oscuro

ahora conozco ese dolor oscuro
que anida en las manos que no acarician
y en los brazos que no abrazan
y en los labios que no besan ni sonríen
y el recuerdo de aquella maleta enorme
inmensamente verde
que compraste en los chinos
con capacidad para esas dos vidas
la tuya, también la mía
que tú arrastrabas
y hasta la estación se hacía pequeña
se encogía, y callaba
porque nos quedaban lágrimas, promesas, palabras
súplicas apresuradas
y trenes que partían somnolientos
destemplados
en un amanecer de ojos que te buscaban
que aún te buscan
y ya duelen de no verte 

nana

así es el más dulce naufragio
cuando alejo tu barco
y acojo entre mis brazos
la caricia de tu pelo
y esa piel que arde en susurros
para no despertarte

desnuda está la noche
las luces parpadean de sueño
duerme, perla
tu cabeza en mi pecho
rebosa helados y atardeceres
y soles que vienen a apagarse
en blandas llamas de color castaño 
yo no
  
no quiero distraerte
quiero traerte aquí para que veas
elevarse en llamas los deseos
sobre antiguas torres de falsa hiedra
sobre nubes mal pegadas
cayendo sin peso
mientras los labios arden y se encienden
y deslumbran ociosos avenidas enteras
cúbrete bien los ojos, protégete
hay colores que queman como agujas
hay un verde prendido en cada esquina
y párpados anegados de un llanto seco
pero yo no
yo no juego a extraviarte en mitad de las horas
yo no juego a encontrarte
vaciarme de ti
y olvidarte
y ahora qué

si hasta repugna escribir
mientras tú fotografías
las ramas, las nubes, las cosas
detienes otro mundo
que se enfría y se agota
y muere anquilosado
y otra vez esa inercia
la expresión asustada
el esfuerzo servil de amar a quien no amas
y el no atreverte
ese dejarse ir helándose en los labios
en una mueca rota
que ni siquiera simula
ser sonrisa
y todo para qué
para qué
qué 
los días tristes

este es otro de esos días tristes
lo sé porque me despierto pensando en ti
y encima llueve
y un rumor de abandono cuchichea entre los charcos
y estremece y allá arriba
en lo alto
el vuelo gris perla de algunas gaviotas
desluce un cielo sucio, en llanto y magullado

rompen olas fotogénicas contra las rocas -¡oh, mira!
contra los eucaliptos de riazor
ya sin besos, sin abrazos 
corren los paraguas hacia los soportales
sonríen, qué aventura
dicen que la flota pesquera permanecerá amarrada a puerto
debido al fuerte temporal
en los muelles
en los bares
y no pensará en ti
es lo que dicen
y también es precisamente
lo malo de los días tristes
esa desganada insistencia 

nuestra señora de la perla


                                                                                  

porque insultaste a mi virgen
y le llamaste puta y zorra
y te escapaste riéndote
ahora no me concede nada

entro en la iglesia de san jorge
introduzco mi moneda
y enciendo velas automáticas
tan frágiles como yo
tan incapaces
que me siento en la penumbra
a sollozar y pedir cosas
siempre lo mismo
y mi virgen nada
ni siquiera me mira

creo que deberías recapacitar
y solicitar su merced
y desenfadarla
yo estoy convencido de que va a perdonarte
porque ella es buena y sin pecado
y subió al cielo incorrupta ¿sabes?
entre miríadas de arcángeles alados

en cambio, nosotros
tú y yo, pequeña mía
no tenemos más que esto
nunca iremos a otro cielo
ni muertos